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El mejor viaje de mi vida (III)

Llegado a este punto del viaje sólo quedaba pensar en el descanso. Tres días para no pensar en nada, relajarse, evadirse de todo y disfrutar de las merecidas vacaciones. El lunes fue el segundo día de playa. Parecía que la lluvia nos daba una tregua y podíamos disfrutar del agua salada. Esta vez sí hacía tiempo para estar en remojo así que después de un año volvía a llenarme el culo de sal. Solecito, arena, mar... no es mi plan favorito, de hecho, no me gusta demasiado, pero tampoco había mucho más que hacer y se trataba de relajarse ¿no? Pues no mucho. Entre los niños alemanes corriendo como alma que lleva el diablo, la novia cuasiperfecta de un 'vecino' y el top-less... lo que es relajado, no estaba mucho, para que nos vamos a engañar.

Al llegar el medio día las nubes taparon el fuego y la temperatura bajó considerablemente hasta el punto de tener que recoger los tratos, no si antes degustar las sabrosas ensaladas prefabricadas de Isabel. Y es que otra cosa no, pero comida en la que no tuviéramos que hacer nada, a raudales. De vuelta a la tienda intentámos encontrar un supermercado para comprar hielo y pan de molde (que es lo que más gastamos) así que nos cruzamos con una señora que tenía pinta de ser extrangera pero de saberse el pueblo al dedillo. Mis especulaciones eran ciertas. A la señora no se la entendía mucho pero nos explicó dos maneras de ir al supermercado. Cuando intentamos llegar empezó a caer la mundial (otra vez) y además no conseguimos ir por donde ella nos dijo. Finalmente nos cruzamos con unas muchachuelas con bolsas del Mercadona y nos indicaron perfectamente donde estaba. Fue terminar de comprar y salió un sol gigante y abrasador así que corriendo a la tienda antes de que empezara de nuevo el llanto del cielo.

El martes lo más interesante que hicimos fue recorrer toda la zona de acampada recolectando etiquetas de las botellas de Coca-Cola para conseguir una vajilla (al final creo que conseguimos para tres o cuatro) y tapones de Fanta para un viaje. A estas alturas ya no quedaba prácticamente nadie en el camping. El resto del día fue de partidas eternas de Trivial y cartas, pero eso sí, mucha relajación, cero estrés, que de eso se trataba. Después de comer vinieron unos chavales de la organización del festival para decirnos que como quedabamos sólo 15 personas en el camping, que cortaban las duchas, se llevaban los baños... que no merecía la pena mantener todo eso para tan pocas personas. Bueno, tampoco es que las duchas fueran mucho mejores que las de la playa (igual de frías) así que no nos alteramos mucho por la terrible noticia. La noche es mejor olvidarla, cuanto antes.

Entonces llegó el miércoles. Se suponía que iba a ser un día para aprovecharlo, el último! Pero nos levantamos realmente tarde y ocupamos la poca mañana que nos quedaba en recoger todo, guardar la tienda y buscar un sitio en el paseo marítimo para pasar la tarde antes de partir rumbo a la realidad. Fue un día bastante frío hasta que, caprichos jamoneros, casi me ahogo con un sandwich: el sandwich de la muerte! Podemos tener nuestras diferencias, pero intentar matarme lo considero excesivo.

Tras esquivar a la parca y terminar de comer, con mucho cuidado, nos fuimos a un bar a tomar un heladito. Fue allí donde nos pusimos al día de las noticias del país con la prensa del establecimiento: el Marca y el As nos nutrieron de la información básica para ponernos al día. A partir de ahí intentamos aprovechar cada minuto al máximo porque vimos como se acercaba la hora de despertar del maravilloso sueño que había sido Benicassim. Sinceramente fue muy duro meterse en el coche para volver a casa. Muy duro.

El caso es que, con mucho pesar, embarcamos en el viaje de vuelta incumpliendo todas las normas posibles, dentro y fuera del coche. Con tramos de 200-230 km/h (con un Audi A4 bastante miedoso) desafiamos las leyes jurídicas, pero fue casi peor intentar cenar en marcha, y no por la distracción del conductor (el que escribe) sino porque se me mancha el peque! También hay que decir que se portó como un campeón y no dió ni un sólo problema, me siento orgulloso de él. Aunque no le traté especialmente bien... lo siento.

Y así es como finalizó el mejor viaje de mi vida. Creo que en estos 7 días he llegado a experimentar todo tipo de sensaciones, la mayoría geniales, como era de esperar. Aunque también han sucedido cosas que no esperaba, ha habido todo tipo de sorpresas. Se aprende de todo. Pero es que cuando el único objetivo es pasarlo bien, no puedes conseguir otra cosa ¿no? No sé expresar muy bien todo lo que ha recorrido mi cuerpo en estos días pero puedo asegurar que ha sido mejor que todo lo que conocía hasta la fecha. El año que viene repito sí o sí. Gracias Rock and Roll.

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